El ex ministro de Hacienda por lo menos no lo dijo en forma pública ni cayó en la ingenuidad política de Rubén Rodríguez al decir que Horacio Cartes le pagaría el salario durante una eventual campaña política; pero está visto que en la práctica así es. Santiago Peña está hoy en casi todas las fotos de actos oficiales del presidente de la República.

Ya dejó la función pública admitiendo que se dedicará a su campaña por conquistar a los electores colorados primero, para su aventura política a la presidencia de la república en las elecciones primarias del 17 de diciembre, y por tanto no goza del status de funcionario público para por lo menos justificar su presencia en actos oficiales.

No es ninguna novedad decir que Peña, el candidato del Grupo Cartes, hace campaña utilizando la estructura del Estado y los bienes del erario público, lo cual es ilegal desde todo punto de vista. Es menester que la ciudadanía en general, libre o no de ataduras, tome nota de este detalle y pase la factura a quienes se predisponen a seguir utilizando los bienes públicos para sus intereses meramente personales.

Porque la presencia de Santiago Peña en los actos oficiales de Horacio Cartes no significa solamente la utilización de los bienes ciudadanos para hacer campaña política, sino conlleva un mensaje mucho más claro y contundente que nos quiere dejar un presidente que ha llegado a sus límites extremos y casi sin precedentes de impopularidad.

La presencia de Peña comunica a la gente que Horacio Cartes va a seguir mandando. Es un claro “miren quién manda” que nos chuta el presidente en cada atropello que promueve al interés ciudadano, cuando lleva de la manito a su candidato para ofrecer su figura a la gente, después de haberlo impuesto a los viejos líderes partidarios, quienes como fueron también comprados, no tienen otra opción que callarse y rezar por conseguir un lugar en las listas legislativas.

Es común que en épocas electorales se sucedan inauguraciones de obras, algunas incluso no terminadas como el Colegio del Área 1 en Ciudad del Este, para usarlas como punta de lanza de candidaturas políticas generalmente rechazadas, pues el candidato que prendió en la conciencia ciudadana no necesita de esto.

Pero la gente debe tener también consciencia de que este mal debe terminar, y depende de cada uno de nosotros, cuando el 17 de diciembre primero, y el 22 de abril después, tengamos una nueva oportunidad de ser iguales por un día, todos los paraguayos, y desterrar con votos a las escorias políticas que siguen esquilmando la República.

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